Trasplante de batería para el cochecito teledirigido

Hay cosas que es mejor no arreglar. Hoy en día, por desgracia, cada vez hay más cacharros que sale más barato tirar que reparar. Este coche en lata es uno de ellos. Nuevo ronda los 10 euros y una batería de recambio cuesta prácticamente lo mismo. Si además cuentas el rato que vas a echar desmontándolo, la operación no tiene ningún sentido. Pero aquí no hemos venido a optimizar costes.

Una maravilla tecnológica en un bote con forma de lata.
Una maravilla tecnológica en un bote con forma de lata.

Este minúsculo coche teledirigido funciona con una batería NiMH de 3,6 V. Se carga desde el propio mando (que va con pilas) y ofrece unos gloriosos cinco minutos de diversión antes de volver a pedir enchufe. Aun así, es sorprendentemente entretenido. Y a los gatos les encanta perseguirlo.

Como era de esperar, con los años, la batería fue perdiendo capacidad hasta que llegó un punto en el que apenas tenía fuerza para mover el coche. La excusa perfecta para abrirlo.

El primer problema apareció nada más desmontarlo. Los materiales son de una calidad… digamos regulera. En cuanto empiezas a manipularlo, la mitad de los cables se sueltan de sus soldaduras. Y, por supuesto, luego toca averiguar dónde iba cada uno.

El segundo problema fue encontrar una batería compatible. Exactamente igual no la encontré. Había modelos muy parecidos, pero el hueco original dentro del coche está ajustado al milímetro. Al final opté por colocar la nueva batería encima de la placa, donde hay un poco más de margen y cupo sin tener que echar mano de mi amiga la Dremel.

La batería iba debajo de la placa, pero ahí también va.
La batería iba debajo de la placa, pero ahí también va.

Después de dar el cambiazo y volver a soldar todos los cables en su sitio —o eso espero—, el coche volvió a la vida. Tengo la sensación de que esta batería dura menos que la original cuando era nueva. Quizá tenga menos capacidad, aunque resulta curioso porque físicamente es más grande. No lo tengo claro. Como el recambio venía en un pack de dos, siempre queda la posibilidad de poner ambas en paralelo y descubrir si la idea es buenísima o una idiotez.

El coche montado de nuevo y funcionando milagrosamente.
El coche montado de nuevo y funcionando milagrosamente.

Al final no he ahorrado ni un céntimo. Probablemente he perdido dinero. Pero volver a ver correr el coche por casa mientras los gatos intentan darle caza ya compensa el rato.

Nota: la cinta en la punta de la antena está ahí para que los gatos no se pinchen cuando se acercan a inspeccionarlo con la nariz.

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